| Gracias por el dato, ya te contaré. Ese fue el último mensaje de la persona que más he amado hasta este momento en mi vida. Él tenía 23 años cuando lo conocí una noche del 19 de octubre del 2004, en Miraflores. Estudiaba derecho en la Universidad Católica. Imagino que ya habrá acabado la carrera. Fue una de las personas más interesantes que he conocido, y tenía la sonrisa más franca y sincera que haya visto. O eso creí. Su paulatino alejamiento tres años después del primer encuentro me demostraría lo contrario. Llegó como un ángel en un momento improductivo de mi existencia en la que necesitaba a alguien que me despertara de mi letargo, y desapareció luego sin dejar rastro. Creó todas mis ilusiones y llenó todas mis expectativas sentimentales. Y es que así lo consideré y lo bauticé: mi ángel, porque me abrió los ojos de muchas maneras y me hizo ver mi baldía realidad. Y finalmente se fue. Esta es la historia de cómo conocí y amé a Wilfredo. Gracias por el dato, ya te contaré. Ese fue el último mensaje que envió a mi Hi5. Días antes me llamó al celular cuando llegaba a casa de mi taller de Claun para preguntarme por un hostal gay que conocía en Miraflores. Le dije un Aló desconcertado, hace 4 meses que no escuchaba su voz. Había dejado de llamarme, y yo tampoco lo llamaba. Parecía que en ese momento estaba con alguien, y el muy puto buscaba un hostal. Cuatro meses sin saber de él, y perfectamente le pude haber colgado o mandado a la mierda. Pero le di las referencias exactas para que se encame con sabe Dios quien. Wilfredo no era una persona físicamente agraciada. Pero en él prevalecía la actitud. Y le iba bien con cuanto chico contactaba. Y pensar que cuando lo conocí, recién se asimilaba como homosexual. Luego que le di las referencias del hostal, ya nada me importó. Era un año impar, en el que las cosas me suelen ir mejor, y ese 2007 me había hecho el propósito de olvidarlo. Ya no quería saber más de él. Pero escucharlo esa noche me emblandecía. En esos cuatro meses que no supe de él intenté conversarle por el msn, pero no respondía. Le enviaba correos y no contestaba. Imaginé que su comportamiento se debía a algo que le conté en setiembre del 2006, algo que rebalso el vaso de las decepciones que yo inspiré en él. O eso creo. Pero para ese entonces el sentimiento que albergué y alimenté hacia él se iba diluyendo lenta y dolorosamente. Recordaba los buenos momentos que pasé con Wilfredo, nuestras primeras salidas, y todas las lágrimas que derramé por él cuando se fue a Estados Unidos. Me enamoré perdidamente desde el día en que lo conocí, sin embargo nunca fui correspondido. Éramos simplemente amigos. Nunca me le declaré por no perder esa valiosa amistad, por no perder contacto, por querer mantener la certeza que lo volvería a ver, nunca le confesé cuánto lo amaba. Pero sé que él lo sospechaba. (Esta historia debe continuar) |
mercredi 30 juillet 2008
Érase una vez, un ángel / Once upon a time, an angel
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