vendredi 2 novembre 2007

Historia no es instrumento de resentimiento


Hace poco, mientras compraba pan cerca de casa, entró a la panadería un anciano profiriendo sus ideas antiguas contra la liberalización de los jóvenes, y como siempre, a favor de una época que se desvanece, la clara fobia de los viejos a la desaparición de las ideas y costumbres con las que crecieron. Proclaman a los cuatro vientos su miedo a perder los valores impartidos.


Bueno, yendo al grano. Una de las cosas que decía el anciano y que llamaron mi atención fue que él expresaba su deseo que los judíos mueran, porque habían sido los culpables de la muerte de Jesús. Cuando el anciano se fue, entró luego una señora de unos 50 años, y dijo que los españoles eran unos chancheros y que nosotros éramos más, en clara alusión a las recientes manifestaciones racistas contra latinos en España.

Esto me hizo reflexionar sobre el mal sentido que le da la gente a la historia. En América Latina la gente vive con un resentimiento constante hacia el pasado, y para colmo, un pasado demasiado antiguo, como si se tuviera que recurrir a épocas milenarias para justificar comportamientos actuales. Los judíos que mataron a Cristo hace mucho que murieron, y los españoles que llegaron a América también desaparecieron.

Con nostalgia, aún se vive en función a épocas pasadas, una gran señal de subdesarrollo. Miren a Europa, escenario de dos guerras mundiales, de conflictos entre monarquías a lo largo de su historia, y sede de los principales campos de batalla en la trayectoria bélica de la humanidad. Y ahora que son? Un grupo de países que supieron vencer y enterrar ese pasado para consolidar intereses comunes y afianzar un futuro para todos, la base para la creación de la Unión Europea.

En Estados Unidos, una de las pocas veces que tengo que reconocer algo a los gringos, también lograron vencer las desavenencias que los llevaron a una guerra civil, para iniciar una historia de progreso. Y aquí, aún no enterramos el pasado.

La historia no debe ser instrumento de resentimiento, de creación o continuidad de conflictos, que rija determinantemente nuestra vida. La historia es un instrumento de memoria y de aprendizaje, un ejemplo de lo que se debe hacer y no hacer en el futuro, es una experiencia.

Y por no utilizar de modo correcto la historia, es que muchos de los conflictos actuales se fundan en enfrentamientos que, a pesar de los siglos transcurridos, aún no son saldados.

El presente y el futuro lo construyen los pueblos basados en experiencias, en la historia. Y cada pueblo es responsable de su propia historia. Veamos la realidad que me es más familiar en el mundo. Si los peruanos perdieron la guerra con Chile a fines del siglo XIX, no fue exclusivamente por culpa de los chilenos. Los peruanos saben que su desorganización fue un factor importante para la derrota. Por eso la historia enseña y de ella se aprende, no está para usarla como instrumento de descarga y culpar a otros de nuestra desgracia. Las personas y los pueblos evolucionan, y cada vez más, la gente mira más hacia el futuro, pero sin olvidar que somos producto de una historia construída por nosotros mismos. Es responsabilidad de las nuevas generaciones sellar esa historia de resentimientos, e iniciar una historia de progreso.

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